El «trastorno del juego» será reconocido como una enfermedad por la Organización mundial de la Salud (OMS) y lo incluirá en la Clasificación Internacional de Enfermedades.

Desde 1990 no se ha realizado una actualización de esta lista de enfermedades. En la próxima edición, la agencia sanitaria de la ONU reconocerá, por primera vez, que este tipo de trastornos obsesivos pueden tener graves consecuencias en la salud mental, sobre todo en los jóvenes, y constituye una amenaza para la salud pública.

Para que los videojuegos sean considerados como un problema mental por la OMS estos tienen que tener un carácter prioritario en la vida del usuario, e influir negativamente en su comportamiento generando una conducta nociva donde la frecuencia, la intensidad, la duración y la prioridad se concede a las sesiones de videojuego.

Según el estamento las personas que padecen adicción al juego tienen «un control deficiente sobre el juego” o, dicho de otra forma, los usuarios adictos a los videojuegos no son capaces de controlar el tiempo que pasan frente a la pantalla, sea el ordenador, el móvil o la televisión, así como el contexto de sus hábitos y puede llegar a afectar a sus relaciones sociales de forma grave. La OMS también señala que quienes priorizan los videojuegos sobre «otros intereses de la vida y las actividades cotidianas» y continúan escalando en la cantidad de horas jugadas a pesar de la aparición de las consecuencias negativas”.

Al dar este paso, la OMS espera que este problema atraiga a profesionales de la salud sobre el riesgo de que pacientes desarrollen este trastorno y, como consecuencia se apliquen las medidas correspondientes de prevención y tratamiento.

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