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Así funciona la adicción a la comida

La adicción a la comida es un fenómeno que se instaura sin que la persona sea consciente y tiene que ver con varios mecanismos fisiológicos. El consumo de ciertos alimentos produce que segreguemos altas dosis de dopamina en el sistema de recompensa.

La comida dulce es evolutivamente atractiva para los humanos, porque nuestros ancestros casi nunca tenían acceso al azúcar en la naturaleza. El día que encontraban un panal de miel se ponían hasta arriba: era energía que se iba a almacenar en sus cuerpos en forma de grasa y les ayudaría a sobrevivir durante el invierno.

A eso se le suma la grasa, el combustible preferido del cuerpo, y el componente más valorado por esos mismos ancestros en los animales, que se comían las vísceras y el tuétano y dejaban la carne magra para los otros animales carroñeros. Por último la sal, un compuesto que hace que el azúcar sepa más dulce, la comida sea más crujiente y disfraza los sabores amargos desagradables que tienen muchos de los productos procesados por sí solos.

Así funciona la adicción a la comida

Podemos imaginar el cerebro como una red de carreteras: donde hay más tráfico, y más intenso, se refuerza físicamente la conexión, añadiendo más carriles. Si tienes que usar una contraseña a diario, el cable que une las neuronas encargadas de recordarlo se vuelve más grueso. ¿La contraseña de MySpace? Si la usaste solo un par de veces, se te ha olvidado por completo.

Pero no basta con la repetición, también hace falta motivación. El núcleo accumbens de nuestro cerebro es el que regula la recompensa, y el responsable del refuerzo de los comportamientos aprendidos. El neurotransmisor que lo activa es la dopamina, que  se eleva con las experiencias placenteras: ejercicio, música, sexo, y también la comida.

La mayor parte de las drogas sustituyen o inducen una mayor cantidad de dopamina, y producen modificaciones físicas en el cerebro, encendiendo o apagando determinados genes. Es decir, las drogas cambian el cableado de tu cerebro, y se ha comprobado que la comida, específicamente el azúcar, también afecta al mismo circuito.

En  un estudio se dio a dos grupos de participantes batidos con el mismo sabor, pero mientras unos tenían azúcar, los otros tenían carbohidratos complejos que se absorbían lentamente. El núcleo accumbens se iluminaba como un árbol de navidad con los batidos azucarados, que además luego provocaban en los sujetos una caída de glucosa y un antojo de dulces, que no sentían quienes tomaban el batido con carbohidratos inofensivos.

Dos síntomas nos dirán que existe un problema de adicción a la comida: pérdida de control de lo que se consume en episodios recurrentes y cambio de personalidad. Esta sustancia se convierte en una obsesión e interfiere con su vida cotidiana. También hay síndrome de abstinencia, es decir, dolor y malestar si se retira la sustancia adictiva.

Fuente: eldiario.es

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