Durante décadas, se había asumido que la ingesta moderada de bebidas alcohólicas podía ser saludable. Así, en el imaginario colectivo estaba presente la idea de que el vino era bueno para el corazón. Un pensamiento que también estaba presente en el colectivo médico. Múltiples estudios observacionales habían detectado que aquellas personas que consumían alcohol en dosis limitadas sufrían menos enfermedades cardiovasculares que aquellas personas que eran abstemias. Para explicar este fenómeno se propusieron diversas hipótesis como que ciertas moléculas antioxidantes presentes en el vino, como el resveratrol, podían ser responsables de este aparente beneficio para la salud.

Sin embargo, estos estudios observacionales contaban con importantes limitaciones por su propio diseño. Por ejemplo, estas investigaciones solo pueden mostrar asociaciones o correlaciones entre dos fenómenos (en este caso, consumo de alcohol e incidencia de enfermedades cardiovasculares), pero no permiten conocer causalidad. Es decir, no son capaces de aclarar si un consumo moderado de alcohol es beneficioso para la salud cardiovascular.

En los últimos años, han aparecido varios estudios científicos que rebaten la idea de que consumir alcohol con moderación sea beneficioso para la salud. Estas investigaciones han encontrado una mayor frecuencia de cáncer y de ciertas enfermedades cardiovasculares entre los bebedores moderados. Un nuevo estudio, que se publica en la revista JAMA Network Open, vuelve a poner en entredicho que el consumo de alcohol pueda ser saludable, independientemente del nivel de consumo.

El estudio, liderado por investigadores del Hospital General de Massachusetts y del Instituto Broad del MIT y de Harvard, se realizó a partir de una gran base de datos biomédicos en Reino Unido (UK Biobank), que incluye datos genéticos. A partir de este registro, se seleccionaron a cerca de 400.000 personas adultas (53,5 % mujeres y 46,4 % hombres), con una edad media de 57 años y un consumo medio de alcohol de 9,2 bebidas a la semana. El riesgo cardiovascular se calculó a partir de las cifras de hipertensión, enfermedad de las arterias coronarias, infarto cardíaco, ictus, fallo cardíaco o fibrilación atrial entre los participantes.

Los investigadores detectaron que precisamente aquellas personas que consumen bebidas alcohólicas de forma ligera o moderada (hasta un máximo de 14 bebidas a la semana) suelen seguir con más frecuencia una serie de estilos de vida saludable como una práctica más frecuente de ejercicio físico, mayor consumo de verduras, menor peso corporal o consumo de tabaco que aquellos que son abstemios o consumen alcohol en grandes cantidades.

Cuando se analizan los datos eliminando varios de estos factores de confusión, gracias a un método llamado aleatorización mendeliana no lineal, el supuesto efecto beneficioso del alcohol desapareció y, en su lugar, se asoció a un aumento del riesgo de hipertensión y de enfermedad de las arterias coronarias. Esto fue posible gracias a la integración de los datos genéticos en el análisis, lo que permite inferir casualidad entre el consumo de alcohol y su efecto sobre el riesgo de enfermedades cardiovasculares, y así reducir las limitaciones propias de los estudios observacionales.

De esta manera, cualquier consumo de alcohol se asocia a un riesgo cardiovascular aumentado. Sin embargo, el riesgo no aumenta de forma lineal conforme se incrementa el consumo de alcohol, sino de forma exponencial.

En definitiva, este estudio observacional sugiere que no existe ningún consumo de alcohol que sea saludable, sino todo lo contrario. No existe, por tanto, ninguna razón sanitaria para recomendar la ingesta de bebidas alcohólicas. Los autores recomiendan que las guías clínicas y de salud pública consideren estos hallazgos, incidiendo en el hecho de que el riesgo cardiovascular puede ser muy diferente según el nivel de consumo de alcohol.

Fuente: investigacionyciencia.es

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