El cerebro es el órgano más complejo e importante de los seres humanos, nos permite realizar desde las actividades más simples y automáticas como respirar, controlar la temperatura corporal y la frecuencia cardiaca, hasta las más complicadas como movernos, comunicarnos o pensar. Una alteración, causada por ejemplo por una enfermedad, una adicción o una inflamación, produciría una serie de cambios que afectarían a la forma de relacionarnos, de expresar nuestras emociones y de aprender.

Las adicciones a sustancias (alcohol, cocaína, opiáceos, tabaco, etc.) y a conductas (juego patológico, compras, videojuegos, comida, etc) perjudican tanto a la anatomía como a las funciones del cerebro siendo el área más afectada el córtex prefrontal.

El cerebro se puede dividir en cuatro regiones denominadas lóbulos que son el occipital, el parietal, el temporal y el frontal; y en concreto en este último se localiza la corteza prefrontal que tiene como propósito el control de las funciones ejecutivas como la inhibición de conductas, la focalización de atención, la toma de decisiones, la modulación de emociones, los juicios morales o el control del rendimiento. A su vez, éste área está formado por: la corteza prefrontal dorsolateral, la corteza prefrontal ventromedial y la corteza prefrontal orbital. La primera, regula las funciones más cognitivas, entre ellas la elaboración de planes, la gestión de la atención, la flexibilidad cognitiva, la inhibición de los estímulos distractores y la selección de la respuesta adecuada. La corteza prefrontal ventromedial media la regulación afectiva y la conducta motivada, es decir, controla las funciones más emocionales. Finalmente la corteza orbitofrontal gestiona las respuestas morales y éticas del individuo, regula la impulsividad y la planificación de conductas asociadas a la recompensa y el castigo.

Durante las primeras etapas de consumo o en las adicciones a conductas, se libera una ingente cantidad de neurotransmisores que producen placer favoreciendo que la conducta se repita, al mismo tiempo, el cerebro intenta adaptarse generando cambios anatómicos. La corteza prefrontal, en esta primera fase, realiza sus funciones de una forma especial, focaliza la atención en el estímulo que produce placer, elabora planes donde la adicción esté presente y se reduce la inhibición llevándose a cabo comportamientos impulsivos. A medida que la adicción avanza y la persona se vuelve dependiente, se desarrolla una hipofrontalidad, que es una alteración de la corteza prefrontal la cual deja de funcionar o lo hace de forma reducida cediendo el control a otras regiones cerebrales que priorizan el consumo. Esta hipofrontalidad da lugar a comportamientos como toma de decisiones arriesgada, rigidez cognitiva, pérdidas de memoria, focalización de la atención en los estímulos relacionados con la adicción, alteración en el control de impulsos, embotamiento emocional, desinhibición y fallos en la planificación y ejecución de planes.

Irene Velasco Pérez.

Psicóloga 

Fuente: Manual de conductas adictivas: teoría, evaluación y tratamiento. Secades Villa, R., García Fernández Gloria, & Fernández Artamendi, S.
(2022).

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