En algunos perfiles clínicos, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes, aparece un patrón muy frecuente: consumo impulsivo, reacciones violentas y relaciones afectivas inestables.
¿Qué hay detrás de esta tríada?
Estudios como los de Carter et al. (2019) y Stults et al. (2015) revelan que la impulsividad es un factor clave en la aparición de conductas violentas vinculadas al consumo de
sustancias, tanto en espacios públicos como en la vida íntima. En el caso de Stults, encontró una relación directa entre uso de sustancias, violencia de pareja y dificultades para regular emociones negativas. Por su parte, Carter y colegas analizaron durante 30 días consecutivos la dinámica diaria entre consumo, estados emocionales e incidentes violentos en jóvenes urbanos. ¿El hallazgo? Cuanto más impulsiva era la persona, más probable era que el consumo
desembocara en agresión física o verbal, especialmente en contextos relacionales. Estos datos refuerzan una idea clave: el problema no es solo la sustancia, sino cómo se usa y en qué contexto emocional. Si alguien consume cuando está enfadado, solo o con miedo, la droga puede convertirse en un amplificador de aquello que estemos sintiendo y
no podremos contenerlo En el Centro Terapéutico CG lo abordamos así: No basta con hablar de autocontrol. Trabajamos con el paciente para identificar sus detonantes, sus carencias afectivas, y ofrecerle herramientas de regulación emocional y comunicación asertiva. Creamos espacios para que pueda comprender sus impulsos sin juzgarse, y construir una nueva forma de vincularse consigo mismo y con los demás. Porque cuando se transforma la emoción, el consumo deja de ser necesario


